En el siguiente vínculo: http://www.youtube.com/watch?v=jmzm5-glj3E, podréis ver un vídeo bastante gracioso que nos puede servir de ejemplo para mostrar una situación que se nos puede haber planteado, o se nos puede plantear ante nuestros clientes, con relación a sus necesidades.
En el vídeo podréis identificar al cliente como el niño, y al proveedor como la madre.
El producto final ¿es el que ha pedido el cliente? ¿El proveedor ha aportado algún valor añadido al producto? ¿Qué creéis que puede ocurrir cuando el niño ponga en práctica el producto adquirido?
Efectivamente, el producto es el descrito por el cliente, quien tenía una idea aproximada de lo que necesitaba. Entonces ¿qué ha fallado?. En realidad el cliente desconocía el producto e intentó describirlo según sus conocimientos. La madre no comprobó si lo descrito por el cliente era lo que le hacía falta. Sólo se apresuró a atenderlo con una gestión ágil, pero desastrosa.
¿Cómo debería haber actuado el proveedor? Debería haber intentado indagar el uso final al que iba a destinar el cliente ese producto, preguntándole por ejemplo: ¿De qué otros animales irán disfrazados tus amigos? ¿Qué tienes que hacer tú cuando estés disfrazado? ¿Sabes qué hacen los castores?... De esta forma, hubiese detectado el error, y en ese momento podría haber dado el valor añadido explicandole que en realidad no se pronuncia "castor", sino "pastor".
¿Se nos ha planteado alguna vez este caso?


No hay comentarios:
Publicar un comentario